sábado, 3 de marzo de 2012

Días lluviosos

Mira las hojas de periódico jugando con el viento entre la incesable lluvia. Bailan al son de la tormenta. El viento se las ha quitado a ese señor de gabardina y sombrero que las sostenía en la mano. Ahora, tontamente, intenta recobrarlos. ¿Acaso no ve cómo se divierten las hojas? ¿Acaso va a quitarles su diversión? Después de todo él solo va a leerlos, es mejor que los deje danzar con el viento.
Mira a los caracolitos arrastrándose a su paso, sin prisa, sin retraso. No van a ningún sitio. Llevan su casa, siempre, a su lado. Disfrutan de la fría lluvia. Pero ya veo que se han escapado. Me produce risa, la niña del otro lado los busca sin descanso. Y yo dudo entre avisar a la pequeña de que el caracol que tanto busca está aquí o dejar que el caracol descanse, él no quiere jugar con la niña.
Mira los charcos. No se mueven, simplemente se dejan golpear por las piedras y chapotear por los niños. Debe ser triste ser un charco, siempre quieto, siempre solo. Luego, desaparece entre los calurosos rayos de Sol, que lo evaporan. Debe ser malo ser un charco, siempre mostrando los rostros a aquellos que no quieren verlos.
Mira la joven que baila entre las gotas de lluvia, frías y numerosas. A muchos les parece una loca, mas a ella le da igual. Ella se divierte, es feliz danzando entre los charcos. Ella está descalza, pero no siente frío. Ella siente las gotas frías aliviando su alma, quitándole todos sus pesares. Sonríe a la tormenta. Todos la miran con incredulidad. Su pelo mojado la sigue en sus pasos. A ella le da igual lo que piensen los demás..., porque soy feliz.

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