Sé que está aquí.
Sé que me acecha.
Sé que espera el más mínimo error para capturarme.
Tonta de mí al no notarla.
Tonta de mí al no verla merodeando a mi alrededor.
No puedo hacer nada, veo la vida transcurrir ante mis ojos y no puedo evitar ensordecer mis oídos para no escucharla.
No noto que cada día roba un fragmento de mi vida.
¿No lo noto? En realidad, no quiero notarlo.
Ensordezco mis oídos para no escuchar a la agonía de la Muerte.
No quiero oírla, no quiero hablarla.
No quiero verla, no quiero escucharla.
Porque el día en que la oiga, la hable, la vea y la escuche...
Ese día, todas las estrellas del firmamento oscuro,
todas las hojas que bailan a mi alrededor,
todas las sonrisas dedicadas a ninguna persona,
se apagarán en mi vida como la llama de una vela expuesta a una tormenta.
Ese día, mi alma se despedirá del mundo vivo
y formará parte de cada lugar en el que un día caminó.
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