Aún te recuerdo.
El brillo de vida de tus ojos, aún los recuerdo.
La alegría de tu espíritu, por supuesto que también.
Y he de decirte, que todo está muy solo desde que te fuiste.
Hemos quitado un plato de la mesa...
Ya no te hago el hueco que solía prepararte en la cama, junto a mí.
...Quedaron atrás esas escapadas al parque...
...Ya no volveremos a jugar juntas, ¿verdad?
Ya que, yo estoy muy lejos de ti y tú no puedes venir hacia mí.
Aún me acuerdo de ti cada vez que veo nuestras fotos y no puedo reprimir una lágrima.
Te echo de menos.
La soledad me invade cada vez que pienso en ti y noto el vacío que dejaste en mi corazón.
No puedo decir que es culpa tuya.
Desapareciste, de la mañana a la tarde.
He de confesar que, cuando te busqué y no te encontré, me rompí en mil pedazos.
Pude sentir como te ibas, muy lejos de mí y yo no podía hacer nada.
La impotencia me invadió y dejó paso a la esperanza.
Esperanza... cruel y desalentadora. Me abandonó (por suerte) hace mucho...
Pero, no puedo decir que no pienso que estarás ahí cuando vuelva a casa... Cada vez que voy a cruzar la esquina me atraviesa el traicionero pensamiento de que estarás en la puerta, esperándome, y que, cuando me veas, saltarás sobre mí y volveremos a estar juntas...
Ya he dicho, la esperanza me abandonó hace mucho pero aún, aún te recuerdo...
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