miércoles, 4 de septiembre de 2013

Pequeño pastel

No sé qué escribir, ni qué pintar, ni que pensar… Estoy perdida.
¿Qué hago? ¿Lloro? ¿Río? ¿Me enfado con el mundo por no saber cómo solucionarme? “Solucionar”.
Después de todo, cada uno de nosotros, somos un pequeño problemas sin resolver. Sin embargo, aunque el problema no sea grave, lo complicamos. Lo mezclamos con una tacita de sentimientos, con 500 gramos de circunstancias y una cucharada de lágrimas. Y, pensando que esto no es suficiente, añadimos un vaso de los problemas de otros.
Entonces vemos nuestro pequeño pastel terminado y se nos ocurre comerlo frente al televisor, en el canal de noticias, donde sabemos que no hay nada bueno. Es en ese momento cuando el pastelito va tomando forma, va alimentándose de nuestras penas, de nuestras dudas, de todo lo malo que pasa por nuestra mente; y solo de lo malo. Decidimos apagar la televisión, coger los cascos y taponar todas las salidas de emergencia de nuestra mente.
Es entonces cuando nuestras pequeñas alegrías comienzan a morir.
Es entonces cuando ese pequeño problemas se apodera de todo.
Es entonces cuando damos el primer bocado a ese pastelito…

…Y todos sabemos lo que pasa a continuación.

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